Todo empieza con un «Hola, buenos días» muy profesional: un supuesto equipo de emergencias avisa al propietario de que sale agua a chorros de su casa, el garaje está inundado y van a tener que echar la puerta abajo.

A partir de ahí, todo va a peor. Mientras la víctima intenta explicar dónde está la llave de paso, los falsos operarios narran el desastre en directo: la cocina «fatal», el suelo de madera perdido y los muebles cayéndose. «Pero si estaba ya terminado», repite incrédulo el dueño, que acaba pidiendo el coche para salir corriendo a casa.
Gritos, órdenes cruzadas y unas risas mal disimuladas de fondo que el afectado, con los nervios, ni nota. Pura tensión en menos de tres minutos.